09 agosto 2013

Los Borgia - Manara, Jodororowsky: sexo y gore a gogó



¡Momentazo! ¡Comidos por el hype! el complejísimo y polifacético guionista de comic (y dramaturgo, cineasta, cartomante y psicomago) Alejandro Jodorowsky anunciaba nueva cole de albumes, a acabarse ante que los de ''La Casta de los Metabarones'' y adaptando las intrigas de la familia Borgia (o Borja, porque eran valencianos), contando para ello con Milo Manara a los lápices ¿y acuarela?, otro insaltable del tebeo europeo, aunque se ha visto con los años abandonado a trabajar sobre la zona de control de sus fetiches, igual que Woody Allen aunque lo suyo, como con Masamune Shirow, son las féminas con poca ropa,y en su caso rubias asténicas, con pelo de musgo y sempiterna expresión orgásmica o lasciva. ¡Albricias! Aunque bueno, lo parido tiempo después no es malo en absoluto y sin duda mejor de lo que andan estos dos haciendo, pero no tiremos cohetes.

Que los Borgia eran unos elementos buenos no hace falta contarlo aquí, hasta hicieron una serie de TV en estos lares, el mismo Mario Puzo escribiría sobre ellos diciendo que se pasaban más de rosca que los grandes padrinos de la mafia en un momento, el que había aún más corrupción a todos los niveles (incluido el papal) y a alguien le sonará la fama de envenenadora de Lucrecia Borgia, a un tris de cruel, guapa y despiadada de ser nuestra Elisabeth Bathory mediterránea. Lástima que contextualizada con su hermano (y amante y papa) César y su padre (ídem, por raro que suene) no luzca más. Pero ¡Por fin la adaptación al cómic definitiva!

Pero no nos dejemos cegar por lo llamativo de sus nombres y el gran empaque (formato, edición y resultados) de esta obra. Su marco y fines son los mismos que el film ''Calígula'' de Tinto Brass, lo que no le quita valor, pero si ha de despabilarlos de gafapastadas, ya que es una peli que hablará de exceso, poder y locura no siendo ni gore ni pornográfica como tal, pero bien provista de elementos calificados (y censurados) así y puestos al (supuesto) servicio de darnos un verismo al que no se atreven los demás (Ey, mirad, esto es una pilila y esto es un enculamiento ¡Dios! que valiente soy de ser tan exahustivamente historiográfico!)

Cuando se va a cometer un asesinato o un acto sexual bien podría hacerse uso de la elipsis corriendo un túpido velo tras dejarnos claro que va a pasar o que pasa fuera de plano, eso no es algo menos honrado que verle el pene a Cesar Borgia (muy poco) o mostrar las posturas en que orgasma su hermana yaciendo con su padre. Sencillamente, el creador puede decidir mostrar o no. Si se muestra me parece muy bien y bien bonito es lo que se ve (¡Manara levanta pasiones!), pero que no nos cuelen que es indispensable para la historia que necesitan contar ni que es algo respetablemente osado a estas alturas de la vida. Precisamente los historiadores andan bastante convencidos acerca de que tanto que se hablaba malamente de los Borgia tenía que ver con la envidia y la calumnia, pero como pasó con la Bathory, sumergirla en la crueldad, la sangre y tórrido lesbianismo (dándole más del que incluso se decía que había) vende, así que cuanto más mejor:


En la imagen, Lucrecia se pelea en el patio del convento con erotico resultado tras despeinarse y arrancarse las vestiduras ante la escandalizada presencia de las monjas, una imagen sobre un forzado (y disfrutable) pasaje que quintasencia el tono y respetabilidad histórica de toda la obra...

Así pues, aquí se nos ha juntado el dibujante entregado a la voluptuosidad y dibujar cuerpos desnudos que son casi siempre el mismo desde su cerrado canon de belleza (todas las féminas de Manara parecen la misma, menos mal que aquí no) con el guionista de ciencia ficción transcendental (por llamarlo de alguna manera) que entre su psicomagia y su propia reinterpretación del arte del tarot, anda muy a gusto con epatar como en sus viejos tiempos de dramaturgo, escribiendo para ofrecer un festival pánico (del dios Pan) que decía él, de sexo, tripas, blasfemia y, seamos honestos, vender mediante el escandalizar.

Y muy bien que hacen los dos, y muy bien que les sale. El duo es perfecto para ello y en escasas 200 páginas que juntan los cuatro albumes tenemos más pelos púbicos, blasfemias, sangre, perversiones de lo que podemos ser capaces de concebir para contar una historia que tenga sentido porque quepa algo más. Aparte de esto, tenemos a un Manara en gracia ilustrando la curia romana y el esplendor de Roma (aparte de las orgías que se verán) y un despliegue enorme en documentación y representación de figuras históricas desde los (contrahechos) retratos directos o indirectos (de memoria) de la época. Jodorowsky se ve también que disfruta y pone precisos diálogos en una narativa muy ajustada para que quepa todo, así que esto es un gran festival morboso de excesos en todos los sentidos, pero enormemente bien hecho y de impecable factura que funciona como un reloj analógico con gran sabifuría y equilibrio en el tratamiento de cada una de sus pequeñas piezas.

En contra de dejarnos llevar por grandilocuencias acerca de que por fin se nos cuenta la historia como fue tenemos muchas razones, las mismas que con la serie ''Roma'' que también se pretendía vender al público ajeno al sexo y el gore desde ese marketing. La historia no necesita contarse de forma tan explícita y además, dicha historia está conscientemente falseada (ficcionada) en muchos puntos para que quede mejor. Lucrecia muere de fiebres tras el parto, César de otra manera y en otro lugar, y su padre parece ser que enferma de malaria y no es envenenado, pero era tan dramático hacerlo así... (¡y hay un proto ninja!) No tengo nada contra que se cambie la historia real para hacer una buena historia de entretenimiento, pero sí dos peros, que no se le cuele el público iletrado como la historia real (cosa que pasa con la peli de ''Braveheart'', que se la creen hasta sus paisanos) ni que se invista a la obra resultado de manipular la Historia de la sacralidad de algo documental y pedagógico porque es mentira lo que nos cuentan y su difrute es morboso (aunque eso sea sano) y nada historiográfico. Amos, que mola ver un polvo y muerte detrás de otro y estar pendiente de que será la próxima, pero que no se den humos los autores.

Esto es una obra meritoria que nunca será obra maestra y seguramente ni se lo plantearon así sus autores a pesar de intentar estilizar su final (apresurado), pero es muy buena en lo suyo, hecha por dos grandes y con suficiente buen pulso y cuidado en todos los detalles como para ser muy recomendable y sin duda de lo mejorcito que han hecho estos dos autores en los últimos años, aunque las pretensiones estuvieran tan bajas. Me lo he pasado en grande y da gusto ver que no hace falta irse a un producto oscuro, sin presupuesto (y normalmente también sórdido y torpe en ejecución) para tener un ameno entretenimiento grueso, bestia y poco confesable.

Y si les escandaliza por mostrar así a tan dignos dignatarios de la Iglesia, van aviados; porque el periodo que se denomina como pornocracia es conocido por ser así de intenso. Yo he echado de menos que nos muestren más, como los concursos de prostitutas de élite en los que se prohibía el uso distintas partes del cuerpo para complacer a la clientela o los juicios a papas putrefactos desenterrados años después de su muerte (que es tan real como bastante anterior), ya era costumbre ante de los Borja celebrar hacerse papa con una orgía. Ya están avisados de lo que hay si no pueden soportarlo.

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