13 agosto 2013

Memorias del tío Jess - Jesús Franco (autobiografía)

Enormemente he disfrutado esta autobiografía, y mira que no soy muy de este género; que es como contar una anécdota pero a lo bestia, cosa que no cambie el hecho de que para que valga la pena hay que tener gracia contado y tener algo interesante que contar. Jesús Franco en esta autobiografía va agraciado por ambas virtudes.

Antes de nada, aclarar que no soy el mayor admirador (ni siquiera conocedor) de su Cine. Para los que no sepan de quien andamos hablando, digamos que es productor incansable de películas. De esos que no les daba grima el género ni hacer una peli sin pretensiones, de esos que tienen estilo más que medios y que a veces tienen brillo y a veces se ven poco o nada inspirados o siquiera concentrados. Como Philip K. Dick es de esa gente que no tiene obras perfectas, pero tiene muchas y algunas reseñables, en las que aunque pueda haber material clonado de sí mismo y bastante malo, cuando hay un conocimiento y personalidad salen cosas que siendo malas, tienen más saborcillo que las cosas medianas de mediocres sueltos por ahí.

Pero el libro no va a repasar la vida y milagros de su Cine. Seguramente Franco tiene bien controlado (tenía, ha fallecido hace poco) que otros ya han escrito sobre ello con profusa investigación creando casi poesía épica sobre sus filmes (es decir, vendiendo la moto), con suficiente talento como para que tenga que hacerlo él. Afortunadamente, Franco comparte con Dick el haber disfrutado de una vida tanto o más interesante que su obra artística, así que no he echado de menos sus pelis en ningún momento de la lectura.

Quien se pille el libro buscando al cineasta flipará en colores con su forma de abordar su infancia (en la que intentaron que se pegara a la magna cultura y dejara los tebeos) durante la républica, su paso antes de terminarla por la Guerra Civil, donde habla de las situaciones raras y como llevaban a él y su hermana de un lado a otro. Franco nos cuenta sus intereses como músico (donde en los pueblos los echaban a patadas) o como acabó tocando sin saberlo con la comunidad judía oculta en Madrid, o cómo fue confinado como estudiante y la liaba con el órgano de la iglesia haciendo versiones, o la que se tenía que montar para echar un polvo con guiris temiendo la guardia civil, o su época en Radio Juventud, cuna de una generación de figuras radiofónicas... pero es un libro que además de andar preñado de aventuras, habla de muchos sinsabores como la constricción intelectual y cultural del franquismo o la incomprensión de su propia familia, o la pobreza cuando visito Francia como curri y no quiso volver al ser libre para opinar, follar y ver pelis. Es un libro vitalista, con ganas de reírse de su suerte, recordar lo bueno con cariño y lo malo con ironía si no le hincha aún los cataplines, sorprendente una energía que transmite. También es un libro donde no se corta de llamar hijo de mala madre a quién le parece, en eso tampoco se corta.

Por supuesto, habla de Cine y menciona su Cine. Pero no se desvive en películas propias, sino en las grandes figuras que llegó a conocer dentro y fuera del Cine de la época franquista y como era de duro e incomprendido su trabajo. Habla de superproducciones patrias y anécdotas con Fernando Fernan Gomez descacharrantes. Y es que además de cagarse en quien cree que debe cagarse, también habla beldades y con ternura de mucha gente de su tiempo.

Dedica más tiempo a contar como acaba siendo restaurador de rebote y sin saber con tal de sobrevivir que a relatar su producción francesa, pero tiene a bien no quedarse corto en palabras respecto al poco cambio para el Cine que fue la transición, donde encontraba a los mismos censores de antes, pero ocultos en los sótanos, apartados de la cara pública que ahora debía ser de aperturismo. También sabremos de qué condiciones tan raras salía la pasta para alguna que otra película y qué fue de su extraño periplo trabajando con Orson Welles, algo que no es habitual que alguien tachado de pornografo pueda llegar a contar.

Desconozco cuanto se pone bien a sí mismo en cuanto a esas experiencias vitales (la exageración y la justificación sin prevenir falseando son males endémicos de las autobiografías), no soy un especialista tampoco en la época que relata; pero lo que se lee suena honesto. Ya sea toda la verdad o no, es una historia apasionante de fuerza por vivir y por crear contra su tiempo y entorno, llena de tristezas sin dejarse llevar por ellas y siempre con algo positivo que contar. Es una estupenda lectura y un libro que debería leer cualquiera que ha sentido una vocación artística o cultural que le ha ganado el título de idiota y la zancadilla de los que le rodean. Grande.
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