21 octubre 2013

Death Proof y la mandanga del revival grindhouse

Leñe, que bien me lo he pasado viendo Death Proof. No le presté atención en su momento y sí a la majaronada, que diría Danytoon, de Planet Terror que me pareció muy tontuna y obviable como Machete, que también se me resiste a ver (me aburre y paro para retomar en otra ocasión continuamente). Al menos en esto de volver al grindhouse las de Robert Rodriguez se dejan ver, porque Hobo whith a Shotgun es una estupidez poco soportable que no tiene nada de grindhouse salvo algo de tratamiento de imagen y la fuente de los créditos al principio, y es más bien un Kárate a Muerte en Torremolinos pero con menos gracia, tempo y locura (o sea, nada).


Hace unos años, estos cinestas gamberros de Rodriguez y Tarantino (dígase con todo el cariño y respeto que siento por gamberrear con las normas) les dio por emular el cine cutre de la exploitation (que tanto le gusta a Kalibre) en su modalidad setentera (eso de poner temas truculentos y tirar de lo que se lleva, la sangre, el sexo y la violencia) y de ahí salieron dos pelis que debían proyectarse juntas (homenajeando al formato de la sesión doble, aquí conocido más bien por los cines de verano primoochenteros y tardosetenteros) con falsos trailers disparatados de puro truculenta exploitation que es de donde sale Machete y este amago de moda mal llevada. Una broma que se lleva demasiado lejos suele terminar estomacante, eso paso.

Supongo que podría llevarse bien en cuanto que se hace Cine muy disparatado y de buscada intrascendencia (y la segunda parte de El Mariachi o Abierto Hasta el Amanecer venían a serlo y muy grindhouse a su manera) que sin duda es absolutamente intrascendente para ver festivamente con colegas. Sin embargo, el grindhouse es algo más que su estética de celuloide maltratado o sus temas, porque lo mismo que ocurre con el cine chungo (o Cine Basura, o de derribo, según quien le preguntes) gran parte de su encanto es que aparte de la truculencia o hacerse a veces de forma descuidada, se hacía muy en serio consigo mismo, de forma honrada. Los excesos de Rodriguez en Machete vienen a dar como resultado lo que ocurre con Braindead y la moda gore noventera: hacer parodias con sangre de por medio, desvirtuando al referente.

Pero lo mismo que el terror con abuso de casquería o el slasher decente no es cómico, ese grindhouse que apenas llegamos a conocer por aquí tampoco solía ser divertido... dicho en todos los sentidos: conversaciones que no llevan a nada, parsimonia a la narrativa (si no tiempos muertos como tales), y lo que sea para ahorrar dinero y llegar a una duración aceptable. ¿Esto puede hacerlas insufribles en parte o en su totalidad? Puede, depende del film y del espectador, quizás más aún del entorno en el que se disfrutan. Pero quien diga que una peli slasher genuina, por ejemplo, es dinámica y amena se suele equivocar o miente. El estar pendientes de cuando empiezan las muertes, en cierta tensión, y desearlo para que empiece lo bueno odiando a los personajes es parte del espectáculo tanto como las claves anónimas del asesino.

Así que los trailers de pelis setenteras de moteros que visten como nazis porque sí, que violan y matan en un montaje de unos minutos con casi todas las escenas animadas de la peli (esto realmente existe) pueden ser muy curiosos de ver y de reivindicar sin conocimiento de causa, pero el visionado de la peli en si suele dejar muy frío al personal.

Cuando la crítica se enfrentó a Death Proof hubo muchas lamidas de pijo y alguno pidiendo que se le pegara fuego, pero lo que me interesó es la perspectiva de gente común, cinéfagos como yo que consumen a paletadas. Para ellos era un film, lento, absurdo, inconsistente y machista (?). Bueno, igual es que le había salido bien el ejercicio imitador a Tarantino, pero habiendo visto tan aburrido a ratos la de Rodriguez, la dejé pasar.


Cuando ante la insistencia de Miki he llegado a verla me quedé prendado la primera hora y poco (bueno, dura un poco más, pero no me aburrí tampoco, es la parte más dinámica la que empieza aquí). Efectivamente, había mucha conversación y no importaba mucho, pero llegaba a caracterizar a los personajes (ya es algo) y nos mostraba feminas que se interesaban por la juerga y el sexo de forma natural, si bien en esto último se veían obligadas a seguir ciertos códigos de estrechez para no ser ninguneadas. Vale. ¿Esto es machista o misógino? también podríamos alegar que viene a ser denunciar ese propio absurdo esquizofrénico patriarcal en que la mujer debe ser casta para poder establacerse uno con ella teniendo valor, pero a su vez el varón ha fornicar todo lo posible para disponer de hombría y valor en el grupo teniendo que existir féminas de segunda categoría para eso. A toda teoría metida con calzador se le puede dar la vuelta. Pero tampoco va a ser esto una peli de denuncia, las cosas están ahí para entretener o epatar, no hay mensaje como tal que valga en estos productos, lo he dicho muchas veces.

La verdad es que si hay que llenar metraje con charlas, no está mal que se haga con tipas hablando de correrse juergas y se olvide Tarantino de hablarnos demasiado de pelis en boca de sus personajes dejando las referencias de este tipo a solamente lo visual. También suele achacarse a este tipo de Cine de ser machista porque las mujeres ocupan normalmente el papel de víctimas, cosa que tiene que ver más con lo de si has de matar a alguien en la ducha, el público, mayoritariamente masculino, agradece más un cuerpo desnudo de mujer y la censura castrante aún hoy día, condena más para su distribución (y vida comercial) que aparezca un pene que bello público, con el maravilloso potencial de Cine de género de tinte gay que hay desaprovechado (un día les cuento).


Las tesis feministas de baratillo no tienen sentido en este tipo de productos que son, dicho de forma elegante, muy poco cerebrales; y es que tampoco les vale si la fémina ultrajada toma la justicia por su mano (hay todo un subgénero de violación y venganza, que lo sepan). Entonces se dice que masculiniza a la mujer (de hecho, de eso tilda la crítica feminista a Tomb Raider) y uno se pregunta que si es machista que la mujer decore, acompañe o sea objeto (al menos de la violencia, aunque no les pase solamente a ellas en un film), pero también lo es que ésta sea personaje motor y activo en pelis de acción y violencia, a ver quien demonios está concibiendo a la mujer de forma atávica pidiendo que deba ser una criatura de cría que no caza y se queda en la cueva, porque parece ser que eso piden o que directamente no aparezcan en metraje (cosa que también será criticada, pero bueno). No os dejéis liar y embarrar con estas tonterías. En estas pelis absolutamente todo está cosificado y visto desde su valor icónico de producto: la mujer y el hombre, el poli y el asesino. Hasta las armas y los bares de carretera o el paleto campestre funcionan desde unos clichés de lo esperable en el género y de valor pop que no esperan ni de broma estar mostrando la realidad y menos, mensaje alguno. Seamos serios.

Lo que sí es Death Proof es mucho mejor, de aquí a Lima, que Planet Terror. Tarantino comprende bien lo que homenajea en su ejercicio, así que esto es lento y lleno de bla, bla, sin mucha importancia; pero transmite la sensación de antaño haciendo que estemos pendientes a ver que ocurre con cierta tensión ambiental. Con sus salidas de tono y excesos (no sólo en mostrar carnes o sangre) o sus giros de guión con igual prisas que el resto de la producción, uno ve estas cosas de los setenta pendiente de a ver qué pasa (políticamente incorrecto) que ahora que nadie se atrevería a mostrar o como en torpeza (o porque sí), una escena tranquila acaba dando la vuelta en baño de sangre o mutando de temática.
Además de tenernos tensos a ver que se les ocurre y de que va esto, la peli a medias da una vuelta dejando lo anterior acaso de prólogo (no puedo contar más por si no se ha visto) no terminando siendo protagonista quién creíamos, y se juega a tomarnos el pelo presentando a personajes de una manera, para convencernos que luego no lo son en largas escenas y de golpe ponernos en el punto inicial.

Vamos, no será una fiesta palomitera de ver y el guión no es nada convencional con ese requiebro a la mitad o el final abrupto, que parece un chapuz o empalme, pero reproduce lo que eran estas películas y, lo más importante, transmite sus sensaciones más allá de una estética o unos cuantos elementos decorativos, como se limitan a hacer Rodriguez y otros aún más torpes. No os voy a negar que una vez vista, seguro que cada uno tiene varias conversaciones y pasajes que considera superfluos dignos de eliminarse ¿por qué el baile? y echará en falta otras cosas ¿quién es el especialista y qué le motiva? Pero está hecho a conciencia para imitar lo homenajeado. Juega con su estilo y narrativa (no solamente con poner elementos molones setenteros como hacen los demás) y juega con nosotros, espectadores de otro tiempo y viciados del Tarantino de entonces que creemos que vamos a ver otra cosa. La tensión te mantiene y la peli te sorprende o al menos no va por donde pensabas que debería ir. Eso es más que suficiente para un producto de echar el rato.


Lo bien que urde la cosa Tarantino se deja notar durante todo el transcurso de la peli. No os confundais, los saltos narrativos o las omisiones son parte de un juego estudiado al milímetro como toda la peli. No es una pelí de época, pero los coches y las prendas utilizadas o los peinados están ahí para recordarnos ese tiempo, algo que choca a muchos. Durante un rato, en su porque sí, juega a contarnos el asunto en blanco y negro lo mismo que repetirnos alguna jugada cual retransmisión deportiva, pero hay un cuidado con el color estupendo en esos decorados deliciosamente retro que nos montan en algo urdido con mucho, mucho cuidado a todos los niveles. Algún lelo echa de menos las conversaciones sobre el pop, el sexo y ambas cosas mezcladas que caracterizaban al Tarantino de antes (y yo diría que más bien a Avery su co-guionista, pero eso es otro tema) pero en vez de eso en esta época de su filmografía hacía referencias a sí mismo, como si fuera un género en sí mismo o tuviera su tarantiverso. Hay detalles salpicados aquí y allá.

Quizás la última parte, de persecución y exteriores os parezca más floja en todo esto, pero sólo es una impresión. Juega sus cartas en la primera parte y nos da la marcha que echábamos de menos en la primera habiendo ya ubicado sus elementos y creyendo nosotros que nos iba a dar lo mismo en este segmento. Es de nuevo su juego para despistar en una sopa de clichés prestados. La verdad es que ha sido muy, muy disfrutable una gozada el papel peculiarísmo y mutante (porque según el tramo, no parece el mismo, más despistes) de Kurt Russel.


Si no se ha visto hasta ahora, conviene echarle un vistazo; y si se hizo pero con extrañeza, cierta frustración y desorientados sobre lo que creiais poder esperar de Tarantino, conviene verla otra vez olvidando que es de él (o quien siempre ha creído que es él su fan) y procurando saborear los detalles y lo que es el Cine bien hecho, del que te embriaga no con la información que da o lo que cuenta, sino con cómo te lo cuenta y haciéndote pasar por su recorrido sin mirar el reloj. Nunca se me ocurrió pensar que podría contener esta cosilla enredada en esa revival chorra de lo insustancial tanto peso y pulso cinematogáfico. Pero es que además es una cosita muy simpática donde se fuma horrores (algo mal visto y perseguido en el Cine de ahora, hasta ahí llegamos) y hasta se acuerdan de esos a los que les fascinan los pies femeninos, que también tienen derecho a recrearse, entre los caprichos que se permite. Rodar algo así ya es un acto de fetichismo cinematográfico en sí.

El revival paleto del grindhouse afortunadamente va remitiendo y aunque sale alguna películilla ahora, se desdibuja aún más lo que querían imitar y son incapaces de hacer. No sé si terminaré de ver Machete de una vez, y lo poco que podía decir de ella ya lo he dicho, pero no tengo nada contra su segunda parte. Si divierte a quien la vea y ganan dinero, estupendo. Pero no es lo que presume ser. En cuanto este experimento que dio arranque a la moda, quizás habría quedado mejor si hubieran reducido el metraje del primer par de pelis a la mitad para que los exhibidores consintieran proyectarlas juntas (y fueran más llevaderas) pero que más da. Hay que ver Death Proof y solamente hay otra peli que se le pueda comparar en su ejercicio de estilo y homenaje, The House of the Devil/ La Casa del Diablo, que se acuerda de otra vía de la exploitation en esos tiempos con Charles Manson tan inspirador, y que reproduce con igual maestría la lenta narrativa y la peculiar tensión de aquellas pelis, pero aún con más valentía que ésta, lanzándose a la piscina sin la campaña publicitaria de revival, enseñando tecnología de ese tiempo y no esperando prevenir ni causar hype a nadie. Os recomiendo ambas porque algo bueno ha traído esta reivindicación setentera y Ti West no tiene menos pulso y talento que Tarantino en aquella.





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