22 abril 2010

Va por los editores en forzadas y forzosas adaptaciones: Carl Macek (RIP)

Ha muerto Carl Macek. Hizo un buen trabajo, pero tardé en apreciarlo, era sencillo denostar como un purista su labor de adaptación variando la obra original para que encajara en los parámetros que se les pedían. Eso de la integridad de la obra artística no ha tenido hasta hace poco mucho que ver entre los intereses comerciales de los que meneaban el material de la cultura popular de consumo. Neal Adams era un tío conflictivo porque pedía que se le devolvieran sus originales tras publicarse sus cómics (un derecho que tampoco La Editorial Bruguera reconocía), y los devoradores de biografías cinematográficas se sorprenden de que Coppola pudiese haber trabajado para Roger Corman... inventándose un guión para mezclar tres películas alemanas y remontar una nueva sin siquiera saber Alemán.


Ecce homo, descanse en paz

Por supuesto, no estoy a favor de estas prácticas, pero puedo entender por qué a alguna gente capaz y más capaz de para eso se las tienen que ver con la tarea, encontrándose con que es eso o no trabajar, eso o que no llegue la obra a cierto sector de público. Entiendo las razones que llevan a poner en este tipo de situaciones a gente como Carl Macek, culpado y hasta perseguido, por su trabajo en Robotech. O lo hacía así o además de ser despedido quizás no habría robotmania ni afición a los mechas en Occidente.

Reconociendo en la situación que estuvo, aceptando que podría haber hecho su trabajo mucho más descuidadamente y avergonzado de como le trató el fandon, con motivo de su muerte recupero un artículo mío sobre el asunto aparecido en Cultura Heterodoxa el 20 de febrero del 2005:


A principios de los 80 empezaban a ser populares en EE.UU. las maquetas y los juguetes basados en series de animación japonesa, si bien no se conocia la fuente de donde procedian hasta que timidamente empezaron a ser emitidas series con robots gigantes, (mechas) gracias a programadores y gestionadores de licencias que pensaban que si los muñecos de este tipo se veían por allí, dibujos animados de cosas parecidas tendrían buena audiencia. Una vez más se llegaba de la astilla al palo, aunque de pura casualidad.

La compañia de doblaje Intersound Incorporated, nacida en 1979, y formada por Ahmed Agrama andaba trabajando con material de la empresa desde la cual nació, Agrama Films. Inmersa en el ambiente robotero antes citado, se decide subirse al carro y en 1982 funda una subsidiaria llamada Harmony Gold U.S.A., que dobla (y adapta cambiando diálogos y cortando escenas fuertes), varias series de animación japonesa.

Aquí es donde entra nuestro hombre. En aquellos momentos Carl Macek era un señor que había escrito un libro llamado Heavy Metal: Animation for the Eighties que versaba sobre la película producida por Ivan Reitman y pesca del entorno de los Humanoides Asociados del mismo bombre. Había trabajado en la publicidad del film y sido editor para la revista Mediascene y la editorial Atlas, además de coordinador de marketing y promoción para el Nelvana Studio de Cánada. Sabía de dibujos animados occidentales un rato, pero cuando abrió una galería de arte dedicada al material original de la producción de animación, (bocetos, acetatos, posters...) se interesó en el material japonés que vendía tan bien. En 1984 y tras tratar informalmente en un charla con varios miembros de Harmony Gold algunas cuestiones respecto animación japonesa, gustos americanos y orientación, fue fichado por la compañia como productor ejecutivo con el fin de que seleccionara el material.

Seleccionada y adquirida la serie japonesa Super Dimensional Fortress Macross y comenzando las labores de doblaje surgieron los problemas. La juguetera Revell Incorporated tenía los derechos de distribución en EE.UU. de los modelos de la serie, lo que impedía a Harmony Gold el hacer merchandising nativo americano de la serie, si bien Revell tampoco podría aprovechar el tirón que pudiese suponer su emisión al poseer Harmony los derechos sobre el nombre Macross, así que llegaron a un acuerdo.

Otro problema fue el de la extensión de la serie, solo 36 capítulos en un mercado televisivo donde para que te hagan caso deber ir al menos con 65. La teoría de los programadores era que aunque se llegara a hacer publicidad de la serie, en menos de esa cantidad de capítulos el público al que se le destinaba se enteraría cuando prácticamente había acabado, pero lo peor es que no dejaría tiempo para que un posible éxito llevara a subir el coste de insertar anuncios en su pausa publicitaria, por no hablar de como las televisiones usacas compran series para una vez usadas revenderlas barato a cadenas estatales practicamente vendiendo al peso, (y pesan más las series con más episodios porque rellenan más hueco). Por lo visto, lo de repetir las series en ciclo continuamente es una práctica tercermundista televisiva ajena a ellos.

Una solución perfecta hubisese sido tirar directamente para el mercado del video, pero Revell se negaba a perder la popularidad que podrían alcanzar sus productos si pasaban por la tele y presionaron lo suyo. A Comico, editorial independiente hoy desaparecida con quienes habían negociado la adaptación al comic book, tampoco le gustaría la idea, pero no creo que les hicieran mucho caso.

Carl Macek solucionó el problema seleccionando material similar de la misma productora japonesa, Tatsunoko Productions, esperando que no desentonase demasiado, y realizando una labor de fusionado que suponia que dos series más, que no tenían nada que ver, Super Dimension Cavalry Southern Cross Y Genesis Climber Mospeada fueran fueran parte de la cronología de la primera serie en la lucha de la tierra contras los alienígenas, cambiando diálogos, metiendo metraje de unas dentro de otras como flashbacks y reescribiendo la trama utilizando las escenas disponibles mientras se generaban nuevos parentescos para los personajes. Las nuevas series entraban dentro del argumento de la primera por la similitud temática y la protocultura, (una cuestión bastante filosófico-romántico-germana: la musica y la voz humana como un motor de sentimientos netamente humano), se convertia en el nexo entre ellas cambiando su significado en un extraño gallimatias. Si queda algún superviviente de su emisión en Tele 5, (más confusa si cabe por emitirse de forma desordenada), igual se piensa que se trataba de combustible o algo similar al Mithril. Dependía del episodio.

Robotech sería el título del producto final, que de paso era el de la línea de juguetes de Revell ya en marcha y atraería a los consumidores potenciales hacia toda la gama, aunque la mayoria ni se pareciera remotamente a los de la serie.

de todo aquello salió un producto la mar de vendible. Había más episodios del mínimo exigido, la bonita cifra de 85, más muñecos que importar y más tebeo que dibujar. La serie triunfó y Macek hizo un trabajo excelente y reconocido para los mandamases de la indutria del entretenimiento, algo demostrable por otras adaptaciones suyas menos intervencionistas que les fueron encargadas posteriormente o su labor dirigiendo todo el proceso de importar un producto nipón, incluso la selección y dirección del doblaje para compañias que trabajaban de forma mas purista con el producto para el mercado directo del video.

La importancia de Robotech en el entorno del manga y el anime en Norteamerica es vital. Su éxito en la década de los 80 con el oportuno (y oportunista) apoyo de merchandising fue el abono de la gran oleada. Nuevos distribuidores y third parties se apuntaron a la fiesta para conseguir tajada de los dibujos con ojos grandes. Su entorno no fue ya el de su televisión (puritana y corta de miras), la invasión desembarcó en el mercado del video doméstico y las primeras ediciones de Viz Comics, filial de una mayor nipona. Series como Speed Racer, (aquí Meteoro), fueron las pioneras en una situación similar a nuestra Heidi o Mazinger Z, pero fue el éxito masivo con la mercadotecnia la desencadenante de la gran opertura. Robotech fue para ellos lo que fue nuestro Dragonball.

Macek había orquestado la adaptación y conseguido mediar una solución satisfactoria para todos entre partes tan dispares como jugueteras de importación, estudios de doblaje de telefilmes, cadenas de televisión que ansiaban llenar una parrilla durante mucho tiempo en detrimento de cualquier integridad del producto y editoriales independientes americanas de tebeos. Sin él no habría sido posible ver ninguna de las tres series y sin su Robotech posiblemente no hubiera hoy una cuota de negocio representativa de manga y anime en USA. Debería sentirse orgulloso, pero cuando se le pregunta acerca de la cuestión, (en un almuerzo de negocios celebrado por Manga Films, Barcelona, 1994), simplemente responde con un fue un trabajo que realize para Harmony Gold... Y es que el asunto se las trae.

Sus apariciones en eventos del fandom, convenciones y demás se cortan abruptamente en 1993, precisamente cuando levantaba el vuelo en Occidente esto del manga que (a)trae a tantos frikis de cabeza.

No hay misterio en ello. Entonces la información sobre el mismo medio era más abundante y arrancaba Internet como silo de información por y para aficionados fuera del ámbito informático. Se conocía ahora plenamente su labor, pero su fama entre los aficionados no fue del todo para bien. Luces y sombras de este mundillo, que ya dijimos una vez.

Sus apariciones en convenciones fueron conflictivas debido a ciertos sectores extremistas del fandom, (leáse frikis). Un mural de la Coste Oeste lo representó como un proxeneta y a conocidos personajes femeninos del anime como sus putitas. Pintadas ofensivas en los aledaños de los lugares de celebración antes de los eventos en los que el participaría. No se le quería. Su retiro de estas lides coincide con el contrato de varios guardaespaldas destinados a proteger a su familia, preocupado por las insultantes llamadas anónimas y las amenazas de muerte.

Algunos ayatollahs de la animación japonesa, la mayoria de ellos enganchados por el Robotech de Macek, pero todos deudores de la opertura del mercado americano con dicha serie, no pueden soportar que se tocará el metraje ni se trastocara el argumento. Fundamentalistas más reales que los que persigue Bush Junior, esos seres que se rasgan las vestiduras por cambiar un nombre como el de Hikaru Ichigo a Rick Hunter y compraban siempre las versiones subtituladas hasta que se inventó el multilenguaje del DVD, no pueden soportar ni que se eliminen los Kanjis de los endings y defienden en plan talibán la pureza original. Gracias a la labor de nuestro hombre otros pudieron sacarle los dólares a estos frikis con caras ediciones integrales en el nuevo mercado superespecializado y directo, pero para ellos es aún un proscrito.

Francamente, no me imagino ni al cinefílico (sic) español más extremo trastornarse en cazador humano en las noches en las que la luna llena se asemeja la mejilla de Wilder en busca de los adaptadores de Mogambo, pero igual va a ser que no me pasa solo a mí y que los frikis cuando llegamos a viejos vamos aumentando nuestra masa corporal y nos volvemos mucho más tranquilos para ahorrar energía. Igual es que somos muy aficionados y no patológicamente frikis, quien sabe. En todo caso, el frikismo del manga tiene a su propio Salmán Rushdie desde hace más de una década.
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