27 febrero 2012

Primer debate (inesperado) con Kalibre sobre el estado (creativo) de los juegos de rol

Ayer me encontré con Kalibre para echar un café. Hacía eones que lo tenía perdido, mal hecho con un curioso ente al que denominaría un tipo como yo rolero heterodoxo; que es como si Paris Hilton llama a alguien superficial, oiga.
Kalibre no se molesta en producir y va a su bola. Este encuentro ocurre porque se le invocó para salvarle el culo a Kon con un bestiario para FR y ya de paso estuvo mirando en la red en que andaba yo y se enteró de lo de la FK. Hará más tiempo aún que no coincidimos en una mesa de juego, (normal si yo tampoco acudo mucho a ellas o las convoco) y quería saber en que andaba yo en físico y offline tanto como yo lo mismo de él. No me equivoqué: en locuras pero siempre interesantes de ponderar.

El planteamiento es la mar de curioso y por extraño no deja de ser interesante, traído de un viejo post por aquí sobre videojuegos. Se ve que el tipo se ha estado documentando a conciencia para ver que ido haciendo en los últimos 2-3 años que andamos perdidos.


Agárrense los machos: lo que ocurre relevante ahora con el rol no tiene que ver con los patrones de edición, ni quien edita o la existencia de editoriales, sino que viene a ser todo esto, como mucho, manifestación de un soterrado asunto más gordo que se obvia: los juegos de rol han olvidado su propia naturaleza y lugar en la cultura popular a costa de tomarse (demasiado) en serio tal como la ha pasado a los videojuegos.

¿Mande?

Prosigamos, esto es (supuestamente) debido a los kilos de pasta invertidos y las toneladas de pasta recaudadas por la industria. Pero claro, Kalibre fuma mejor mandanga de la que he fumado yo nunca o sus tanteos eróticos con la electrogamia le han jodido del todo (no explicaré más, desmontén un mechero eléctrico y apliquen a los genitales) ¿pastizales en el mundo del rol? ¿dónde está mi Ferrari y por qué no he podido comprarme un pantalón vaquero desde 2007?

Y entonces me salió con que en el rol no habrá dinero, pero padece el mal que devora a los videojuegos que antes que antes defenestró al Cine palomitero como lo conocimos, hijos del videoclub que somos. El rol sería como el tonto del pueblo que se pone a imitar a los videojuegos, un obrero de derechas (sic) pero, incapaz de crecer en cota de mercado, muy descapitalizado, y con su público cada vez más viejuno, se dedica al revival, la nostalgia y el disco recopilatorio. (recuérdenme que le explique al interfecto que es un retroclón)

Bien, iba a ser un café largo y lleno de sorpresas dialécticas. Que cosas. Intento ponerles un poco en situación.


En este artículo expresaba mi disconformidad respecto a que no encontraba el ramalazo gamberro los planteamientos y caradura con los préstamos y referencias de los videojuegos de antaño. No se trata de una cuestión del nivel de carne femenina mostrada ni las excusas para mostrarse. No es tampoco una cuestión de violencia o gore. Me decía Kalibre que el quid no está en ser gamberro o no ser nada políticamente correcto, la clave de todo aquello era el concepto de exploit. Pillar algo o varias cosas hot (en el candelero) de la cultura popular y sacar un subproducto (con perdón) entendiendo como subproducto como obra derivada echándole cara al préstamo reconocible y con ganas de reconocerse porque es gancho para estudios determinados maestros de esta gañanería.

A ver, Werden, ¿por qué no hay ya nada como American Warrior (El Guerrero Americano), las copias italianas de Road Warrior (Mad Max II), Ninja Terminator y demás?

Yo había aplicado mi queja y mi concepto a los videojuegos, las grandes compañías mueven pasta pero la invierten jugándosela y se gastan más en publicidad que en desarrollo. Los patrones de consumo ya no son lo que eran en las consolas tras el colmo de mierda para los primeros sistemas domésticos que culmina en la decepción millonaria y anunciada en TV que fue E.T. para la 2600. Lo mismo que ya la gente no compra videojuegos sin mirar más que la caratula y las pantallas de atrás en los centros comerciales, en gasolineras y bazares, los chavales que quieren pasar un rato no suelen ir el día de la semana que puedan al cine con programa doble a ver lo que les pongan o llevarse pelis casi sin mirar del 2x1 del videoclub.


La tesis Kalibre no es que sea todo más gayer por lo políticamente correcto en un mundo más conectado con montones de grupos de presión con acceso mediático (que eso también y ya hemos visto varias veces eso de madres contra el GTA, abanderados por la mujer de un presidente) sino que no existe un tejido de pequeñas productoras felices de hacer cosas pequeñas, oportunistas y directamente al entretenimiento sin más. Zombos, aliens y machos alfa con armas de fuego son cosa de productoras serias y muy bien abastecidas de medios que le quitan los temas a las pequeñas.

El rol fue un producto fresco, joven irrumpiendo el siglo pasado que tomaba temas de aquí y allá mientras generaba su propio lenguaje tal como lo hacían los videojuegos. Sus fines era rellenar ratos, entretener, es subcultura, es cultura popular (pop), pero cuando no está demasiado ocupado defendiéndose como arte, que lo es, pero de la cultura del entretenimiento, está replicándose a sí mismo no siendo capaz de generar franquicias fuera de sí. Señal de su cansancio y agotamiento interno en parámetros de industria.

O sea, que no podemos entender el rol si no echamos un vistazo a la generación de la industria de los videojuegos y toca revisar el Cine.El debate iba a ser largo y tocará hablar de ninjas, esos grandes olvidados cuando están de moda de nuevo los zombies y los ciborgs nunca se fueron.

Pedi permiso a Kalibre para tomar notas, repetimos mañana quedada y a ver que les cuento del debate y como les voy contando el asunto, que pinta que va a ser muy disperso y exigente con conocimientos frikis, que se dice ahora; pero al menos es algo distinto a lo que se anda comentando en todos lados y me entretienen los debates estos. Pronto la próxima.  

Nota: diversos y gratos exploits de Mad Max/Road Warrior decoran el post y vendrán en breve bien como documentación sobre el fenómeno del exploit mencionado
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